29 de juliol 2017

¿Con o sin gluten?




 Corpus Domini nostri Jesu Christi custodiat animam tuam in vitam aeternum. Amen”.

Y seguidamente, yo tenía que abrir la boca y sacar la lengua, en la cual el cura depositaría una pequeña hostia consagrada (incluso hoy día me cuesta pronunciar estas dos palabras tan prohibidas entonces…) que yo debería tragar entera sin que ¡ni por asomo!, me tocase los dientes. Días antes de la Primera Comunión nos habíamos entrenado en clase con hostias sin consagrar (y sin consagrar también me cuesta pronunciar).

El monaguillo extendería la patena por debajo de mi barbilla, no fuera a suceder que la hostia cayera al suelo y entonces sí que la liaríamos, porque eso significaba que el cura debería expiar mi fechoría ayunando un mes seguido. Confieso que en los años posteriores me llegó a pasar por la cabeza…

Más de uno recordará las imágenes en TV de un niño vestido de marinerito intentando tragar la hostia que se le había quedado pegada al paladar y no había manera: no la podía tocar ni con los dedos ni con los dientes, apenas con la lengua; evidentemente, no la podía escupir y como tampoco no había forma de tragarla, le venían arcadas y se iba congestionando. Lo que sufrió, el pobre. ¡Menuda experiencia negativa!

Esto era así antes del Concilio Vaticano II cuando los curas, de espaldas al público y mascullando en latín durante una hora de reloj, jugaban a cocinitas en el altar al uso. También tenía su punto observar en el momento de la Consagración, como al mismo tiempo que el cura levantaba (de espaldas) el Cáliz y la Hostia grande, los monaguillos le levantaban también la casulla; nunca entendí el motivo de esa acción, yo agachaba la cabeza para ver que se veía debajo, aunque nunca vi nada de interés.


Hoy día todo es distinto. Hay transparencia y por tanto todo el ritual se desarrolla de cara y en el idioma de la feligresía, para que quede claro y no puedan decir: es que yo no lo entendí. Y la hostia te la dan en la mano, si quieres (y no es obligatorio poner la otra mejilla); lo que ignoro es si se puede masticar o no…

Pero hay cosas que no se arreglan ¡hostia!, porque ahora resulta que los celíacos alegan problemas de intolerancia y, a ver: ¿Cómo es posible tener intolerancia al Cuerpo de Cristo? Después de dos mil años, ahora vienen estos celíacos con sus manías. Las cosas son como son, siempre han sido así, y no hay nás que hablar.


En fin, no me voy a extender, pero quiero pensar que alguien en todo ese entramado, pensará con la cabeza y no será tan infame de condenar a los celíacos a una vida de desarreglos intestinales cuando quieran comulgar (ya solo falta ir perdiendo adeptos por ese motivo…), y llegará un día en que antes de darte la hostia, el cura, con un copón en cada mano, te dirá: "Sírvase usted mismo, ¿con o sin gluten?".

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